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1ª Salida Nacional AFONAS : MONFRAGÜE

Fernando Suárez Gutiérrez
07/02/2010

En un lugar de Extremadura, de cuyo nombre será difícil olvidarnos (tanto por lo bien pasado como por el buen trato recibido), allí partimos algunos socios de AFONAS, en la que sería nuestra primera salida nacional, y ya pensando en la del año que viene por la positiva experiencia. Este lugar de Extremadura, no es otro que el Parque Nacional de Monfragüe, dentro de Cáceres.
Salir de Asturias, donde todo es verde, montañoso, y azul; y donde todo lo marrón que encontramos es el de la arena de las playas; supone todo un aliciente por conocer lugares nuevos, y con fuertes contrastes. El primero su temperatura (tienen verano continuo comparado con Asturias y según que fechas, sobre todo estas pasadas). Así podemos conocer y contemplar la grandiosidad del entorno de esta tierra. Declarado también Reserva de la Biosfera, es una de las mayores representaciones de bosque Mediterráneo. Atravesado por el río Tajo y su afluente, el Tietar; forma a su paso por este enclave, unas paredes que permiten que aquí se concentren abundantes colonias de buitres leonados, y además nidifiquen el halcón peregrino, águila perdicera, búho real, etc. Una maravilla. En el medio acuático martín pescador, cormoranes, nutrias, etc. Se trata pues de un conjunto sumamente  atractivo no sólo para cualquier aficionado a la Naturaleza, sino, y cómo no en nuestro caso, para cualquier aficionado a la fotografía, que muchas veces van muy unidas ambas aficiones.
Y fue este nexo de unión, la fotografía y naturaleza, lo que nos llevó a contactar con otros miembros de las asociaciones pertinentes; los cuales en gran grado de generosidad por su parte, tuvieron el presente de prepararnos uno de los mayores espectáculos que se pueden observar en plena naturaleza por parte de las aves que mayoritariamente pueblan el Parque; una “carroñada”, es decir la observación directa bajo las medidas pertinentes, del momento de la comida de los buitres. Un espectáculo que se saldó con una de cal y otra de arena, como más adelante relataré, pero que sin embargo allí estuvo presente, y nos dejó (sobre todo a quien nunca lo había vivido como es mi caso) un recuerdo imborrable. Buitres negros, leonados, en fin ..
El viaje desde Asturias, con toda la carretera autopista ya en la actualidad, se hace desde Oviedo en poco menos de 5 horas y media. Si además, a lo largo del recorrido se hace un avituallamiento “de supervivencia obligada” en Guijuelo, donde nos vimos  “obligados” a tomar los correspondientes embutidos, el “sufrimiento” se hace más soportable …. (me apunto a sufrir así todos los días).
A primera hora del día siguiente, aún de madrugada, nos dirigimos desde el camping del Parque (con estupendos bungalows) al centro de recepción del mismo; donde nos aguardaba Atanasio Fernández y un guarda del Parque, y con el cual nos dirigimos hacia el punto donde tendría lugar la mencionada carroñada. Muchas gracias desde ya, por los momentos que vendrían a continuación.
El desplazamiento ya era de por sí un espectáculo. En plena noche, y sólo con la luz del coche y el incipiente amanecer, era fácil que se nos cruzasen venados por delante con el consiguiente susto. Y allí llegamos. Dos “sabrosas” venadas aguardaban la llegada de los buitres (y nosotros también …. jejeje). Mientras los demás, Miguel y Hugo aguardaban en el hide que a tal efecto existe, Atanasio y un servidor fuimos a dejar el coche a una distancia prudente. Para nuestra sorpresa, al llegar al hide algunos buitres ya estaban bajando, y al vernos ambos, temimos lo peor. No fue así, y se pudo comprobar como a los tres primeros buitres (y ya con todo debidamente pertrechado dentro del hide) les siguieron 10, 30, 50,…, hasta 60 llegamos a contar; y entre ellos la joya de la corona, 6 Buitres Negros; de mayor tamaño y que no pasan desapercibidos para nada. Entre nosotros y ellos a no más de unos 30 metros, las venadas. Allí sentados en el interior aguardábamos Atanasio y yo en el banco el comienzo del espectáculo, mientras detrás Hugo y Miguel ya no veían el momento de echarnos llegado el caso. Y pasaban las horas, y el camarero no llegaba. La comida, el comensal, y nada ni por parte de uno ni de otro.
Tal fue nuestro aguante, esperando que llegase el "gran momento" cuando se lanzan a comer sin control, que por temor a que pudieran escuchar cualquier sonido que les pusiese en alerta, ¡NO TOMAMOS FOTO ALGUNA!; y llegado el caso nos contentamos con las migajas. Es lo que hay, es así, y así hay que aceptarlo.
Cuando ya todo se daba por perdido, dos buitres negros hacen amago de dirigirse hacia la primera de las venadas. La tensión subía, y ya daba la sensación de que unos instantes comenzaría la frenética comida. Como aviones, y sólo con el ruido de su vuelo, y algún que otro berrido de venados lejanos, y de tripas de alguno de los presentes, seguían llegando buitres. Aquellos era como el aeropuerto de Barajas, versión Naturaleza, y sustituyendo aviones por buitres. Denso tráfico aéreo, alguno dirigiéndose hacia la comida, y ……., y nada. No se decidieron a comer. Sumamente desconfiados, sucede, como ya sabrán de sobra los más experimentados, que esto es como tirar una moneda al aire. Unas veces cae cara, otras cruz, y algunas como en nuestro caso, cae de canto. Tuvimos los buitres y todo a punto, pero no se decidieron a comer. Un cuadro con todos los ingredientes en el mejor momento y lugar, pero sin interacción entre ellos. Sin embargo estar allí presentes a muy escasa distancia pudiendo contemplar todo ésto en semejante entorno, para quien nunca lo hubiese vivido ha sido una experiencia inolvidable.
No desistimos. Al día siguiente y más de madrugada aún. Nos acompañaron, salvo Atanasio, Enrique, Juan Carlos, y Julio César. Y aquí se demostró que la paciencia es una virtud. Una virtud que a veces …., a veces…., debiera tenerse, ejem, ejem. Nos aconsejarón que en este caso, abriéramos las venadas para dejar expuestas las vísceras, a modo de facilitar el desencadenante. Así, de este modo allí tuvieron lugar unas escenas propias de “La Matanza de Texas”. Miguel, cuchillo en mano, demostró unas habilidades que nos hicieron temblar estupefactos al comprobar su destreza abriendo en canal a los animales mientras unas sonrisitas escapaban por su cara a modo de psicópata, y yo lo grababa en video. Debo decir que la sonrisita era más bien por intentar en lo posible no hacer caso al hedor que de unos animales muertos y expuestos al Sol varios días, inundaba el ambiente. Es mejor no haber comido antes, sólo es un consejo para que lo que ya estaba en nuestro estómago no haga esfuerzos por salir de allí por donde entró. El conjunto así visto, parecería una película de zombies al mejor estilo de George A. Romero.
Ni con todo lo anterior, tuvo lugar el feliz desenlace. Seis horas y nada. Otra vez será. Pero sumamente agradecidos por todo.

El Parque ofrece mucho más. Existen varios miradores donde poder contemplar tanto las aves y por supuesto los abundantísimos buitres, como todo el entorno natural del Parque. Tras una buena comida, donde departimos con otros miembros de la Asociación de Extremadura, ya por la tarde la dedicamos a tomar fotos. Fuimos al Salto del Gitano y a la zona conocida como El Castillo, ambas de obligada visita para poder contemplar la riqueza del conjunto del Parque.
El espectáculo continuo, con los buitres pasando volando  a pocos metros de nosotros, es una grata experiencia. Las cámaras disparando a plena ráfaga para inmortalizar esos instantes. Aquí, Enrique, Julio César, Atanasio, y Sebastián Molano en plena faena con los "antiaéreos" a punto.
Tal es así, que alguno pensó que su cámara también volaba. Y voló, pero no aterrizó como debiera. Con una experiencia personal parecida, y cualquiera que la haya sufrido, sabe que esos segundos, centésimas, son inacabables, y nosotros somos muy lentos y todo transcurre muy rápido.
La vista desde "El Castillo" propiamente dicho es espectacular y amplia. En la foto superior a la izquierda está el grupo que puede verse en la foto inmediatamente anterior. Así se puede tener una idea del amplio panorama que se contemplaba en 360º.
Contemplamos el vuelo de las aves, y asistimos a una bonita puesta de Sol. Así transcurrió el día y finalizaba nuestro viaje. El mejor de los recuerdos y agradecimientos para los amigos que allí tenemos, que ya saben aquí estamos para cuando cualquiera de ellos quiera venir. En agradecimiento de AFONAS y como no en el mío propio, un saludo a los amigos que allí dejamos, y a los cuales extendemos invitación para venir a Asturias cuando ellos quieran. Aquí nos tendrán y contarán con nosotros para todo. Un abrazo.

Fernando Suárez.
 
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